Hace unos días, gracias a la charla organizada por Cartagena Futuro e impartida por el Doctor de Derecho Constitucional y profesor de la Universidad de Murcia, D. Francisco Manuel García Costa, profundizamos en el proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía.

Con su habitual tono didáctico, apasionado (en lo jurídico) y cercano, desgranó las bases del estado de las autonomías, la duplicidad legislativa, la desigualdad entre españoles y la no soberanía de estos territorios, así como el contexto en que surgen estos estatutos ‘de segunda generación’. En particular, el primero que se hace tras los hechos acaecidos en Cataluña en 2017, al que podríamos llamar no sin tristeza, la primera Constitución Murciana.

El repaso sereno del profesor nos confirmó que se trata de un texto oscuro, que 20 días después de su aprobación no se ha publicado y está pendiente de corrección. Al escuchar esto nos vino a todos los asistentes un olor intenso a colonia rancia (como a Varon Dandy).

Y el ‘celebrado’ consenso se transfiguró en improvisación por la necesidad de trascender de sujetos que hoy ya sabemos que no serán ni fueron.

Como fallido debemos denominar este Estatuto, si no muta en su hibernación, tras conocer que sus aplaudidos ‘derechos’ son simples objetivos; que su referéndum a día de hoy no se podría celebrar; que olvida la obligada progresividad en los impuestos; o que, y he aquí una de las claves, nos condena a que todo siga dependiendo de San Esteban y siga siendo Murcia.

Cierto es que no se esperaba valentía de estos políticos de incubadora, pero de ahí a negarse a escuchar al Ayuntamiento de Cartagena y las conclusiones de la mesa sobre la restitución de la Provincia e imponer un modelo regional (aún) más centralista hay un paso, y lo han dado de una zancada.

Un mes de cafetería suple a catorce años de comisiones de reforma, tal cual. Un trabajo soberbio, parafraseando a Rosa Peñalver, pero por el pecado capital no por el resultado.

Así, todos los habitantes de la Región seguimos siendo murcianos de vecindad civil y desde el 1 de abril la Asamblea Regional es de Murcia, tenemos identidad regional y hasta soberanía murciana. Esto último lo digo en serio, lean el art. 1.2.

Atrás quedan las proclamas de PP, PSOE, C´s o PODEMOS (que así se llaman los partidos que han malogrado la oportunidad) sobre el respeto a los habitantes de la Región, la justicia o la solidaridad.

Las comarcas, ente local obligatorio desde 1982, destinado a igualar al millón y medio de habitantes regionales, son ahora casi imposibles (3/5 de la Asamblea), la biprovincialidad sigue aparcada y Murcia ya no es la capital, sino que es el alfa y el omega de una autonomía que, siendo generosos y mientras nos llegue agua, consagran como el sumidero de España, estrecho como sus miras.

Así que desde nuestra nueva, impuesta y agradecida, que siempre hay que serlo, condición de colonia murciana en Cartagena estamos a la espera de que se construya el arco del triunfo por el que se pasaron a los habitantes de la Región 45 diputados que dejaron su tufillo con este Estatuto antes de pasar al justo y merecido ostracismo.

Por cierto, en dos semanas votamos.

 

Jesús Giménez Gallo

Presidente MC Cartagena

 

‘Ya somos y olemos a colonia’, columna de opinión de Jesús Giménez
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