En este escrito, voy a hacerles partícipes de algo tan profundo y personal como es mi manera de ver las cosas. Hoy en día ya no valoramos cuando alguien nos abre su interior y deja a la vista de todos sus pensamientos más íntimos. Aquellas ideas que ha ido forjando su perspectiva a lo largo del tiempo, y es por ello que me gustaría que valorasen este artículo con un valor superior al de una simple sarta críticas a concretos.

Según Ortega y Gasset, la realidad depende de nuestra relación con el mundo. Si bien cada uno tiene una relación diferente entre su “yo” y las circunstancias que le rodean, estas relaciones, por distintas que sean, ni deforman la realidad ni dejan de ser reales. Es en esta idea en la que me baso para poder afirmar que en este escrito, voy a contarles nada menos que la realidad.

Sin embargo, esta realidad que voy a contarles se va a concretar en un ámbito específico: La sociedad.

Y es que, hoy en día nos hallamos saliendo de una encrucijada consistente en bien, individualizar la sociedad, primando los intereses individuales por encima de los colectivos, o mantener una colectivización basada en el interés común de los activos societarios. Parece que esta individualización gana terreno de forma inevitable, y empieza a verse claro que de esta encrucijada saldrá una sociedad individualizada, pero la pregunta es: ¿Estamos haciendo bien en permitir que este modelo de sociedad cambie?

Desde siempre, las grandes acciones realizadas por la humanidad han sido posibles cuando hemos dejado de lado nuestras diferencias y nos hemos unido para luchar por una misma causa, un interés común. Es ahora cuando esos matices sin verdadera importancia adquieren un peso tan grande como para echar a perder, desde la unión de dos partidos políticos, hasta una amistad duradera. Por tanto, podemos decir que se está produciendo una desunión de la sociedad. Algunos mencionarían a las redes sociales como una de las principales herramientas para fomentar esta desunión dada la cantidad de ideas diferentes que fluyen por las mismas cada día, cada hora, e incluso cada minuto; sin embargo, una vez los colectivos individualizados han aprendido a valorar los matices como elementos a prescindir en nombre del interés general, la redes sociales constituyen el entorno perfecto para fomentar la unión colectiva, convirtiéndose así en una herramienta de cohesión social.

Otro factor que alimenta esta realidad es que en ocasiones, y no pocas, el usuario individualista realmente tiene razón en lo que dice al defender estos matices erróneamente valorados como principios de peso. Si embargo, esto no es motivo para levar a cabo a rajatabla estas medidas que promulga, pues en la inmensa mayoría de las ocasiones, hacen falta un número determinado de pasos previos para su consecución. Formar parte de un colectivo que no defiende a ultranza absolutamente todos los valores que uno defiende, no significa que no sea el colectivo adecuado al que pertenecer o con el que colaborar.

Pero aplicando esta reflexión a la vida real, no quiero alimentar el bipartidismo, pues claro está que vientos de renovación soplan en España. Tenemos alternativas similares y en algunos casos distintas a las anteriores, pero ante todo renovadas. La regeneración política española es un hecho y está teniendo lugar en este preciso instante. Tenemos la suerte de poder decir que la estamos viviendo, y en algunos casos, podremos decir que fuimos parte de ella

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EL ORDEN SOCIETARIO Por Juan Carlos Navarro Montesinos. Secretario General de Juventudes de Movimiento Ciudadano (MC)
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